Esta sed que se apodera de mi naciendome de las mismas entrañas de mi alma, cuantas veces habré gritado al cielo, se me habrán erizado todos y cada uno de los bellos de mi cuerpo, el estremecimiento que se produce en el estomago y todo lo que conlleva, ese hormigueo desde la punta de los pies que recorre el cuerpo como una hojarasca mecida por el viento hasta el mismo cuello anudandolo para no dejarte inhalar.
Sienteme, déjame sentirte, enredarme con tu cabello, embriagarme de tu olor, notar como las respiraciones van al compás de la misma partitura, al igual que bailan el sístole y el diastole el mismo tango.
¿Donde quedó esa sensación? ¿Cuánto miedo existe en ella y cuanta felicidad evoca a la vez?
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